domingo, 14 de diciembre de 2008

El alcalde que fusiló Franco vuelve a Villalonga


Una asociación de la memoria histórica traslada desde Paterna los restos de Ernesto Botella. La recuperación del expediente del Consejo de Guerra revela que no cometió delitos de sangre

El Ayuntamiento de Villalonga, a petición de una asociación para la recuperación de la memoria histórica, se ha comprometido a trasladar al cementerio de esta localidad al que fuera su alcalde, Ernesto Botella Gisbert, fusilado en 1941 en Paterna. La demanda ha sido respaldada por todos los alcaldes democráticos que Villalonga ha tenido desde 1979. Un abogado ha podido acceder al Consejo de Guerra que le envió a la muerte, lo que ha permitido comprobar lo injusto de aquella crueldad. El proceso que permitirá a Botella "volver" a su pueblo se iniciará en los próximos días.
Los restos mortales de Ernesto Botella Gisbert, alcalde de Villalonga entre agosto de 1937 y mayo de 1938, en plena Guerra Civil, descansarán definitivamente en el cementerio de esta localidad. Botella, fusilado el 21 noviembre de 1941 pese a que no se le pudo imputar ningún delito de sangre, será trasladado en los próximos días desde un nicho del cementerio de Paterna, donde fue ejecutado cuando tenía 34 años, víctima de la ola de represión que Franco puso en marcha tras la guerra.
Una asociación para la recuperación de la memoria histórica de Villalonga movió los hilos para lograr el traslado. Hace casi año y medio, Josep Tarrassó, en nombre de la entidad, presentó una carta al ayuntamiento proponiéndolo como "un acto de justicia". El escrito fue respaldado por los cuatro alcaldes democráticos de Villalonga desde 1979: José Martí, Alfredo Giner, María José Sánchez y Fernando Sendra.
El actual alcalde, Juan Ros, del PP, se comprometió a hacer efectiva la petición y financiarla con dinero público. Así, esta semana ha encargado a una funeraria que gestione el traslado de quien fue su antecesor en los convulsos años de la guerra. En cuestión de días se ultimarán los detalles y el cuerpo de Botella será llevado desde Paterna hasta el pueblo que le vio nacer. También tendrá lugar un reconocimiento y homenaje.
Paralelamente, el interés por conocer más detalles llevó a Alfred Giner, abogado y vecino de Villalonga, a hurgar en la historia. Le costó dos años conseguir que el Tribunal Militar le autorizara a consultar el expediente del Consejo de Guerra. Esos documentos, y lo que contaron sus familiares, ha permitido reconstruir su historia. Sin delitos de sangre en su contra, el tribunal militar le condenó por "adhesión a la rebelión", un eufemismo que Franco aplicó con discrecionalidad para eliminar a quienes defendieron al Gobierno legítimo de España. Botella pagó con la vida haber sido alcalde y ejercer un cierto liderazgo izquierdista. La sentencia recoge que fue "militante del PSOE y del sindicato UGT".
Los últimos días de Botella dibujan una historia sobrecogedora. Encarcelado, torturado y juzgado por un Consejo de Guerra Sumarísimo, solicitó el indulto o la conmutación de la pena de muerte. Hubo quien, pese a haber declarado en su contra, después pidió que no fuera ejecutado y firmó bajo juramento que Botella no estuvo implicado "ni como autor ni como inductor" en asesinatos cometidos por grupos de izquierda, entre ellos dos vecinos de Villalonga.
Pese a los ánimos que su esposa le transmitió, Botella nunca tuvo la certeza de que se salvaría. El 4 de octubre escribe a su sobrino desde la prisión de Valencia: "La situación que sostengo me ha hecho perder las ganas de trabajar, si tengo la suerte de que me conmuten la pena de muerte, cuando mi salud se reponga de tranquilidad, hablaremos de nuevo". Pero Franco no tuvo clemencia y el 21 de noviembre una ráfaga de balas ahogó toda esperanza.

Un hombre que salvó varias vidas

Entre los fusilamientos llevados a cabo por Franco tras la Guerra Civil, el caso de Botella tiene visos de figurar entre los más bárbaros. El alcalde de Villalonga no sólo no participó en los crímenes que facciones de izquierda cometieron, sino que está comprobado que se jugó la piel por salvar a perseguidos "de derechas".El alcalde republicano de Gandia, Vicente Palmer Ripoll, no tuvo reparo en enviar un escrito al presidente del Consejo de Guerra en el que expresa que, cuando fue perseguido "por pistoleros", se refugió en Villalonga, y Botella fue uno de quienes "acudieron en mi socorro" para evitar que fuera asesinado. El alcalde de Villalonga también protegió al cura su localidad, don Ricardo. Botella ordenó a un militante del PSOE que acompañara en todo momento al sacerdote hasta su localidad, en la Marina Alta, algo que cumplió.Esos y otros testimonios que avalaron los "sentimientos humanitarios" del alcalde de Villalonga durante "el periodo marxista" no impidieron primero la pena de muerte y después que Franco pusiera su "E" de "enterado" para que fuera fusilado.

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